Historia Huércal-Overa

Historia de la Villa de Huércal-Overa


La villa de Huércal-Overa, perteneciente a la Mancomunidad de Municipios del Levante Almeriense, estuvo encuadrada en el centro de la región cultural de la Bastetania, en el cruce de caminos que forman el corredor del Mediterráneo y la cuenca del Bajo Almanzora. Tuvo desde época prehistórica, desde la metalúrgica época argárica, la misión de poner en contacto a los hombres del inclemente sureste peninsular con los labriegos de las fértiles vegas grana-dinas. Además, la riqueza minera de sus cordilleras circundantes provocó que fenicios, griegos y cartagineses se asentaran en el litoral. Y que los últimos, que llegaron a controlar la explotación y comercialización de los minerales, utilizaran nuestra comarca como plataforma para proyectar su ansiada hegemonía en la orilla norte mediterránea, en conflicto con Roma.



La cercanía a puntos costeros de la importancia de Cartago Nova (Cartagena) o Baria (Villa-ricos) hizo que esta tierra se convirtiera en parte del tablero donde se dirimía el futuro del Mediterráneo y de la Península Ibérica: la Segunda Guerra Púnica (218-201 a. C.). Cartagineses y romanos ensangrentaron su suelo y aquí, entre la realidad y la leyenda, se asentó desde tiempo inmemorial la tradición que sitúa la muerte del general romano Cneo Cornelio Escipión, tras ser derrotado en la Batalla de Ilorci (211 a. C.), en la cumbre del Cabezo de la Jara (Cueva de Escipión). Después de la definitiva victoria romana, el solar que con el tiempo formaría el término de Huércal-Overa, pasa a depender de la Provincia Tarraconense en su mayor parte, que desde el norte llega hasta el río Almanzora, quedando lo que resta en la Bética. Desde este momento, el Almanzora se convertirá en frontera entre entidades sólidamente delimitadas: bizantinos y visigodos, visigodos y musulmanes, musulmanes y cristianos. Las tensiones lógicas producidas por este emplazamiento darán lugar a un territorio fuertemente fortificado. Se desarrollará entonces una sociedad de hombres libres, belicosos, emprendedores, es decir, una sociedad típicamente de frontera. Son señaladas reliquias de esta etapa la fortaleza de Huércal la Vieja, de origen remoto; la casa-fuerte de Overa (Santa Bárbara), y el castillo de Huércal, con su imponente torre, principal vestigio y símbolo de la villa mil veces reproducido y fotografiado.



A partir de su conquista cristiana de 1488, Huércal, que sólo había sido una encastillada guarnición militar islámica, y Overa, su centro abastecedor más cercano, se unirán para siempre en una sola entidad, bajo jurisdicción de Lorca. Fueron los lorquinos los que más se distinguieron entre los cristianos en las luchas fronterizas, obteniendo de los Reyes Católicos el dominio sobre las dos villas en detrimento de Vera. Los veratenses, por su parte, anhelaron desde el primer momento el disfrute de la vega huercalense, el Campo de Huércal, territorio privilegiado para la agricultura y la ganadería. Manifestaban que siempre había pertenecido a su taha (distrito), aunque admitían la propiedad lorquina de los dos núcleos importantes. El largo pleito entre Lorca y Vera por la posesión del Campo de Huércal comenzó en 1511 y posteriormente se dilató en las disputas legales entre estos y una Huércal-Overa ya independiente.

Pero la desaparición del Reino musulmán de Granada no trajo la tranquilidad. La zona fue a partir de entonces un hervidero de revueltas moriscas, azuzadas por las incursiones de los piratas berberiscos, que aprovechaban la vía natural del Río Almanzora para sus saqueos. En 1568 se produce la Rebelión de las Alpujarras, encabezada por Aben Humeya, que levanta a los pueblos de la comarca. Entonces Huércal y Overa se despueblan al convertirse su suelo en campo de batalla de la guerra entre los alzados y las tropas del rey, capitaneadas sucesivamente por el marqués de Mondéjar, el marqués de los Vélez y don Juan de Austria.

La definitiva expulsión de los moriscos (1572) y el freno a las incursiones norteafricanas provocó que los repobladores se pudieran asentar definitivamente en el valle, donde se encontraban las fuentes de agua (Balsas de Arriba y Abajo, y Fuente del Caño). La paz trajo consigo la expansión demográfica y con ella el desarrollo agrícola y comercial. Esta nueva situación llevó a los huercalenses a defender, con tesón y energía, la integridad territorial de su jurisdicción de las apetencias de Vera y Lorca. Los sufridos huercalenses comprendieron que la mejor forma de mantener sus fueros y privilegios era conseguir la independencia del concejo lorquino.

Fue el 3 de marzo de 1668 cuando Huércal y Overa, con la denominación común de Huércal-Overa y mediante escrito de compra a la Real Hacienda, que pagaron los propios vecinos de su patrimonio, se emanciparon de Lorca y se convirtieron en villa con jurisdicción civil y criminal.

Los huercalenses fueron bendecidos con tierras fértiles, aunque con una pluviosidad escasa. Cuando los años traían abundantes lluvias, la producción agrícola y ganadera estimulaba el comercio y el pueblo, y sobre todo su Campo, crecía. Hay que destacar la importancia que tuvo en el progreso económico el desarrollo de las dehesas ganaderas. Hasta aquí llegaban las cabañas de las comarcas cercanas y de las Hoyas de Baza para herbajear en invierno. Fue la primera fuente de ingresos para los vecinos y para las arcas municipales.

El principal fruto material de la prosperidad de este periodo es la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción (1709-1739), un hermoso edificio barroco con un artístico retablo de José Ganga y obras escultóricas de prestigiosos imagineros (Francisco Salzillo y Alcaraz, Roque López, Francisco Bellver y Collazos, José Sánchez Lozano y Antonio Castillo Lastrucci). Como no podía ser de otra manera, el dinero para su construcción también salió de los bolsillos de los huercalenses.

Pero los pueblos, en su desarrollo, tienen que hacer frente a los obstáculos de la naturaleza: esta es una tierra extremosa donde se alternan largos periodos de sequía con puntuales y devastadoras inundaciones. Y en no pocas etapas de la historia a las inclemencias meteorológicas se han unido epidemias, plagas y terremotos. Merecen señalarse en la crónica del infortunio el Terremoto de 1863, cuyas incesantes sacudidas obligó a los vecinos a abandonar el pueblo e instalarse en los alrededores durante varios meses, y la Inundación de 1879, que se cobró vidas humanas y arrasó el fértil manto de los campos. De todas las calamidades salieron los huercalenses con renovados bríos, sobre todo de la última, pues supieron mover-se con pericia. Consiguieron socorros de toda España, sobre todo de Madrid, que sirvieron para el encauzamiento de las aguas (Depósitos Municipales) y para la reforma y el embellecimiento urbanísticos.

El siglo XIX se abrirá con la dolorosa experiencia de la Guerra de la Independencia. En Huércal-Overa estableció su cuartel general el general Joaquín Blake y en Huércal-Overa tuvo que librar feroces batallas contra los franceses en los Llanos de la Virgen y en la pedanía del Saltador.

Una vez restañadas las heridas que en lo humano y en lo material legó la contienda, Huércal-Overa se dispuso a afrontar la etapa que conformaría su actual fisonomía: un pueblo de trazo mercantil, centro comarcal de una estimable producción agrícola y ganadera. Una serie de años de buenas cosechas, sobre todo en los rentables viñedos de los pagos de la Sierra de las Estancias, el desarrollo de la minería en Sierra Almagrera y la mejora de las comunicaciones, con la construcción de la carretera que une Puerto Lumbreras con Almería y el establecimiento de estaciones de ferrocarril y telégrafos, repercutieron en el engrandecimiento poblacional y económico de la villa. Hasta tal punto que se logró la adjudicación de una de las dos sedes provinciales de la Audiencia de lo Criminal (1884). A este efecto se construyó un Palacio de Justicia, actualmente sede del Ayuntamiento.



Esta riqueza tuvo su influencia en lo social y cultural. Prosperaron las asociaciones (Casino Principal, Cooperativa Cultural, Círculo Instructor Obrero...), se fundaron periódicos (El Horizonte, La Voz del Ateneo, El Almanzora), se consiguió una feria ganadera y comercial de ocho días (1818), se lideró la federación comarcal en defensa de los trasvases de agua al Valle del Almanzora, y sobre todo se consolidó la que ya no dejaría de ser la seña de identidad de Huércal-Overa: las procesiones de Semana Santa. Tanto rivalizaron las cofradías morada, blanca y negra en fervor y gusto estético que los desfiles procesionales fueron declarados de Interés Turístico Nacional por el Gobierno de España en 1983. Todo este dinamismo lo podemos personificar en las figuras del magistrado e historiador D. Enrique García Asensio, autor de la Historia de Huércal-Overa y su comarca (1908-1910), que todavía hoy se lee con provecho por su estilo y solidez historiográfica, y, sobre todo, de D. Salvador Valera Para, el Santo Cura Valera, cuya fama de santidad traspasó los estrechos límites de este pueblo y cuyo íntegro y humilde magisterio ha reconfortado a generaciones de huercalenses.



Huércal-Overa atravesó el siglo XX con el mismo espíritu emprendedor del que siempre hizo gala. Las consecuencias de la Guerra Civil acarrearon una inmediata disminución de la actividad económica y una fuerte emigración. Pero otra vez hubo huercalenses que se enfrentaron a las dificultades con determinación. Se siguió comerciando, fabricando y cosechando. Para esto último ya no se tuvo que estar solamente al albur de la meteorología: fueron principalmente huercalenses los que arrancaron al Estado las resoluciones necesarias para la implantación de los pozos de riego del Saltador o la llegada a los pueblos del levante almeriense de los trasvases Tajo-Segura y Negratín.

Con la Democracia se produce una nueva expansión de las actividades económicas. Las consecuencias son las reformas necesarias en las zonas deprimidas y una mayor racionalidad en el trazado de las nuevas. Además, aumenta y mejora el equipamiento urbano: el incremento de las infraestructuras funcionariales, económicas, culturales y deportivas, así como la restauración de monumentos dan fe de este progreso. La implantación de delegaciones administrativas, tanto autonómicas como estatales, hacen de este pueblo destino necesario para los habitantes del norte almeriense. Destaquemos en este capítulo el Hospital Comarcal “La Inmaculada”, el teatro “Rafael Alberti” o el pabellón de deportes con un complejo acuático anejo.

Huércal-Overa afronta el siglo XXI con optimismo. Sus habitantes saben que tienen tras de sí una historia hecha de inteligencia y esfuerzo.

Escudo y bandera

El derecho de Huércal-Overa a tener una bandera con escudo propio fue aspiración de su Ayuntamiento desde la emancipación de Lorca el 3 de marzo de 1668. En los siglos XVIII y XIX se sucedieron los intentos para conseguirlo, sin que dieran resultado .
Ya a comienzos del siglo XX se materializaron algunos blasones que recibieron la censura del historiador y juez huercalense Enrique García Asensio. Éste en 1910 tomó la decisión de presentar un proyecto al Ayuntamiento, que inmediatamente éste hizo suyo, acordando elevar petición de concesión a S. M. el Rey don Alfonso XIII
La demanda tuvo una respuesta positiva por parte de la Casa Real, que el 25 de Enero de 1912 comunicó al alcalde de Huércal-Overa, Julio García Useros, su autorización:
«Accediendo a lo solicitado por Vd. en cumplimiento de lo acordado por esa Corporación municipal de su digna presidencia, por aclamación unánime, en sesión de veinticinco de Octubre de mil novecientos diez, y teniendo en consideración los preclaros antecedentes históricos de esta villa, su lealtad y patriotismo probados en el desarrollo de su agricultura, industria y comercio; S. M. el Rey (q.D.g.) se ha dignado conceder y autorizar a esa villa el uso de un escudo con los cuarteles que se describen y detallan en el proyecto que se acompaña a la expresada solicitud. De Real-Orden lo digo a V. para su conocimiento y el de la Corporación que preside = Dios guarde a Usted muchos años = Madrid 25 de Enero de 1912 = Sr. Alcalde Presidente de la Villa de Huércal-Overa, provincia de Almería.»
La solicitud contó con el respaldo del entonces diputado por el distrito de Vélez-Rubio Luis López-Ballesteros, casado con una huercalense, y, sobre todo, de José María Casanova y Palomino, conde de Algaida y Gentil-hombre de Palacio, que tenía propiedades en el Levante de la provincia.
El proyecto de García Asensio significaba la culminación de todo su trabajo historiográfico cuya obra más importante son los tres tomos de la Historia de la Villa de Huércal-Overa y su Comarca (1909-1910), que todavía hoy asombra por su rigor y estilo.
Dejemos que sean las propias palabras de García Asensio las que nos describan el escudo y el porqué de cada elemento:
«Con el Águila, de su color, sombreada y azorada, el engrandecimiento, la prosperidad y la gallardía con que Huércal-Overa se ha elevado sobre las demás villas de su comarca; de su pico cuelga una cinta ondulante en la que, con letras de oro, se consigna la fecha de la escritura de su emancipación de Lorca y concesión de Villazgo.
»En el cantón diestro del Jefe, en campo de azur, resalta el Castillo de Huércal, representado heráldicamente; encima del cual se indica la llave que lo retenía en poder del Alcaide moro de Vera, capital del territorio á que perteneció durante la dominación sarracena; llave que aquel entregó, con las de los demás pueblos de su dominio, al Rey Católico Don Fernando, al rendirse y capitular: el esmalte de este cantón representa el color del firmamento sereno.
»En el izquierdo resalta el Castillo de Overa, con la escala que formó el bravo capitán lorquino Tomás de Morata, con las cuerdas y sogas que halló a mano, para escalarlo denodadamente: la luna campea sobre el castillo como en la noche del asalto: el color de este cuartel simboliza la sangre del centinela moro, á quien dio muerte el valiente Morata en las almenas de la asaltada fortaleza.
»En los cuarteles siniestro y diestro inferiores, respectivamente, los escudos de los antiguos reinos de Granada y Castilla, por haber pertenecido a ellos, en orden sucesivo, los lugares y fortalezas de Huércal y Overa; la cruz recortada de San Jorge, indica la del escudo de Almería, á cuya provincia corresponde hoy, política y administrativamente, la villa de Huércal-Overa.
»Como la Agricultura e Industria han sido los nobilísimos fundamentos de la riqueza, prosperidad y notorio engrandecimiento de la laboriosa villa que nos ocupa, va colocado un escudete sobre el todo del todo, como se dice en la ciencia del blasón, con aperos de labranza ó útiles agrarios, y una colmena con varias industriosas abejas que vuelven á ella, después de haber libado en las flores, como símbolos de dichos nobles agentes de nuestro desarrollo local, especialmente, en el continuo ir y volver al patrio suelo de sus infatigables hijos, á buscar y traer elementos de vida y riqueza con su agenciosa actividad; que aunque se salgan algún tanto del formulismo de las estacionadas reglas del blasón, dando por nuestra parte un conveniente avance á las mismas, tal manifestación gráfica no puede repugnar a aquel rigorismo, viéndose hermanados y en consorcio los emblemas de las glorias históricas siempre duros y sangrientos, con estas representaciones de la más sólida base de bienestar y prosperidad con el honrado y pacífico trabajo, desarrollado en la tranquilidad y la paz de la fraternidad humana.
»Los dictados de Muy Leal, Patriótica y Laboriosa villa de Huércal-Overa, que bordean el escudo, están ganados por las razones que largamente se exponen en su historia.»
Una vez desaparecido el historiador, el Consistorio huercalense, como pago por sus meritos, decidió renombrar la calle donde nació como “Calle de Enrique García Asensio”
A partir de la aprobación real del escudo, este comenzó a utilizarse en los sellos oficiales del Ayuntamiento y desde entonces se ha instalado en los edificios y monumentos representativos de la villa. También se colocó en el centro de la bandera de color rojo carmesí que presidía el Salón de Plenos del Ayuntamiento. Este color fue el que adoptaron las ciudades y villas de realengo pertenecientes a la Corona de Castilla y, por tanto, también Huércal-Overa.
Sin embargo, el carmesí de la bandera del Salón de Plenos adquirió una tonalidad apagada por el paso del tiempo. Este color rojo oscuro es el que todos los huercalenses identifican como característico de su bandera. Así el propio Ayuntamiento, en 2000, dispuso que se confeccionara una nueva para el Salón de Plenos de color granate (pantone 1955).
El escudo y la bandera de Huércal-Overa quedan como sigue:











Descripción: Escudo francés moderno cuartelado y entado en punta: 1º de azur castillo de oro mazonado de sable y superado de una llave también de oro; 2º de gules un castillo con escala de oro mazonado de sable y superado de una luna creciente también de oro; 3º de gules un castillo de oro mazonado de sable; 4º de plata una granada de oro mazonada de sable, rajada y frutada de gules; 5º entado en punta de plata una cruz de San Jorge; 6º sobre el todo un escudete de forma afrancesada moderna de sinople con un yugo, una pala y una horca formando un aspa, y una colmena con abejas, puestos en palo y todo de oro; 7º la bordura de oro cargada con la inscripción «Muy Leal, Patriótica y Laboriosa villa de Huércal-Overa» en letras de sable. Al timbre, un águila de su color, sombreada, azorada y colgando de su pico una cinta de plata ondulante cargada de la inscripción «Exención de Villazgo 3 de Marzo de 1668» en letras de oro.

Nuestros orígenes:



Si hay en la provincia de Almería un pueblo con hechuras de ciudad, éste es Huércal-Overa. Situado a levante de la provincia, limítrofe con Murcia, Huércal-Overa es tierra de frontera, tierra que ha participado siempre de la más rica experiencia del ser humano, la de participar, al tiempo, de culturas distintas. Huércal-Overa lleva a sus espaldas, en efecto, una densa biografía que se pierde en los tiempos y que, además,se ha desarrollado en una tierra que ha tenido el privilegio de ser varias veces a lo largo de su historia puente de civilizaciones.
Los campos de Huércal-Overa, como en general todo el sudeste español y, más en concreto, el levante almeriense, fue centro de una intensa y fructífera vida en la prehistoria, cuando la cultura de El Argar dio aquel paso tan importante hacia el desarrollo humano, prólogo de unos siglos en los que fenicios, griegos, cartagineses y romanos trajeron la totalidad del Mediterráneo (de los otros Mediterráneos) a nuestro rincón del sur, con lo que empezaron a configurar la variada, larga y densa historia de nuestro país.
Las minas de la comarca fueron un gran reclamo para aquellos pueblos (comerciantes unos, conquistadores otros) de la Antigüedad. Las galerías del Cerro de San Francisco, en las proximidades deEl Saltador, y del Cerro de Enmedio conservan aún los restos de galerías de aquellos tiempos ancestrales en los que las entrañas de nuestra tierra recorrían el Mediterráneo hasta los talleres de los grandes artesanos del Oriente.

El Imperio Romano
Y llegó Roma y, con ella, la gran historia (o la gran leyenda, que a menudo viene a dar lo mismo) de Huércal-Overa y sus tierras, donde podría haber estado situado Munda, la ciudad a la que Asdrúbal puso en el 214 antes de Cristo sitio por su apoyo a los romanos, posiblemente en la actual cortijada de Los Mundos, en la entrada natural al valle del Almanzora y su importante vía de comunicación, la que, en aquellos tiempos, unía el Mediterráneo español con las regiones atlánticas, y en las proximidades de la Cueva de Escipión, situada en la cumbre del Cabezo de la Jara y donde se dice que falleció Cneo Escipión tras su derrota a manos de Asdrúbal. Realidad o leyenda, un ariete, espuelas de plata y puntas de lanza encontradas siglos después demuestran, al menos, que la zona fue, sí, escenario del enfrentamiento entre los dos mayores ejércitos de la época.

"Santa Bárbara" 

Parte de la Tarraconense, frontera realmente entre ésta y la Bética, la Húercal-Overa romana le dejó a la historia clara constancia de su existencia, como volvería a hacer a lo largo de las invasiones bárbaras, que aportaron al pueblo y la comarca vestigios de su existencia en El Saltador, ürcal, el Cabezo de la Jara o la Sierra de Almagro, donde las ruinas de una pequeña fortaleza han hecho pensar en la primitiva Húercal, o Huércal la Vieja.
La actual Huércal-Overa puede iniciar, sin embargo, su singladura ya en época árabe, cuando, tras la sequía que, en tiempos de Abderramán II, despobló el levante andaluz, una repoblación hiciera nacer los asentamientos de Guércal y de Overa, donde se establecieron sendos castillo: el de Guércal en la estribación última de Sierra Almagro y despeñado sobre un precipicio de doscientos metros; el de Overa en la cima de La Sierrecica, el actual Castillo de Santa Bárbara. Ambas fortalezas formaban parte, parece ser, de una estructura de comunicación y defensa que penetraba, hasta Serón, por todo el valle del Almanzora.

"Santa María de Nieva" 

Güércal y Overa fueron anexionadas, poco antes del triunfo definitivo de la Reconquista, a Lorca, lo que llevó a una rápida repoblación por cristianos viejos que alcanzaron a convivir con los moriscos en Guércal, aunque no así en la entonces más poblada Overa, cuyos habitantes de siempre escogieron seguir la vía del exilio.Como en toda la comarca y, en general, en toda la provincia, la rebelión de los moriscos llevó de nuevo la guerra a estas tierras y, tras el desenlace final, la intolerancia de los vencedores, que expulsaron y escavizaron a los vencidos, acabó en una segunda repoblación, ya a finales del XVI, cuando Overa quedó como anejo de Huércal, bajo jurisdicción de Lorca un siglo después, en 1668.La vida que ofrecía los campos fértiles de la zona han hecho de Húercal-Overa una de las zonas que, a lo largo de la dura historia de la provincia, mejor ha sabido resistir a los malos tiempos, pese a las epidemias, plagas y terremotos que asolaron la zona en aquel XVIII de tan mal recuerdo por estos pagos.

"Iglesia Parroquial Ntra. Sra. de la Asunción" 

La guerra de la independencia
Pero Huércal Overa y sus campos han tenido siempre a lo largo de su historia un papel en las batallas que llegaban al sudeste y no podían ser menos durante la Guerra de Independencia, que llegó con toda su intensidad a las calles mismas del pueblo, convertida por el oficial Blake en cuartel general y centro de operaciones para frenar la invasión francesa de la provincia. Sin embargo, las tropas napoleónicas ocuparon la provincia y, como es natural, centraron parte importante de su atención en la conquista de Húercal-Overa, en cuyas calles y en cuyas proximidades (los llanos de El Saltador) se libraron encarnizados episodios bélicos.

La actual Huércal-Overa adquirió su definitiva planta a finales del XIX, tras una décadas de expansión y construcción de edificios públicos que demostraban la pujanza del pueblo y que le dieron la atractiva imagen que hoy, en plena expansión, conserva, y cuya primera característica es la de los aires de ciudad que tiene, sin duda uno de los más acusados de la provincia. Organización, limpieza y evidente rasgos de grandiosidad arquitectónica y urbanística marcan esta villa de ademanes suntuosos y de ambiente refinado.

Sin poder certificar un punto de partida histórico con respecto a la villa de Huércal-Overa y su comarca, las tribus y primeros pobladores que convivieron en la Península Ibérica dejaron constancia de su presencia por estos lares: iberos, fenicios, griegos, cartagineses y romanos contribuyeron de alguna manera, con su mezcla de civilizaciones, a crear el carácter de estas gentes; fenicios y griegos asiáticos, aparte de fundar ciudades y villas, comerciaron por todo el litoral mediterráneo y explotaron las riquezas minerales de la zona, especialmente las que se sitúan en el Cerro de San Francisco, en la llanura de El Saltador y en el Cerro de Enmedio, donde se evidencian, aún hoy, socavones y galerías de ancestrales explotaciones. Las posteriores luchas entre cartagineses y romanos, si no certifican una obligada referencia en estos lugares, sí contribuyen a crear una leyenda en torno a la suerte de Cneo Escipión y su posterior muerte en la cercanía de los Mundos, como queda señalado.
Durante la dominación romana, el emperador Augusto adscribió los términos de Huércal-Overa, Purchena y Vélez Rubio a la Tarraconense, provincia que se extendía hasta la demarcación del río Almanzora, la Sierra de Filabres y las cumbres de Sierra Nevada. Pero a partir de las invasiones bárbaras los acontecimientos se precipitan; constancia del paso de estos pueblos ha quedado en algunos restos y ruinas que se sitúan en este término municipal: la ventana de El Saltador, por ejemplo, que parece tener forma de un hexágono irregular, cuyo piso forma un plano horizontal, elevándose sus lados hasta la altura de un hombre y una bóveda que se cierra por tres líneas en forma cóncava, y le sirve de techumbre; en Urcal también se hallan abundantes vestigios de ruinas y edificaciones que se sitúan a lo largo de todo el pie meridional de la Sierra del Cabezo de Jara; y al Sureste, a unos cuatro kilómetros, en una de las crestas más elevadas de la Sierra de Almagro, se conservan cimientos y ruinas de una población antigua o una pequeña fortaleza que tradicionalmente se ha conocido como Huércal la Vieja.
Los árabes
Los reinos árabes del Norte de Africa albergaban desde siempre su propósito de invadir la Península; sus primeras correrías por el Levante ibérico mostraban el carácter pacífico de meras exploraciones y comercio. Sucesivas escaramuzas posteriores dieron lugar al desembarco de 7.000 hombres en el año 711, un ejército que derrotó a don Rodrigo e hizo desaparecer pronto la corona goda. Toda la Península quedó sometida al dominio musulmán, y tan sólo las regiones orientales de Andalucía, cercanas al reino de Murcia, siguieron dominadas por el godo Teodomiro, quien pronto sucumbiría a las huestes musulmanas.
Durante el reinado de Abderramán II, concretamente en el año 846, se produce la gran sequía de Al-Andalus, que despobló por completo a la alejada provincia de Almería; poco después comenzaría la repoblación y de esta época puede calcularse que se originaron los asentamientos de Güercal y de Overa, en teoría, y casi sin constatación alguna, base y origen de la actual villa. El río Almanzora, las ramblas, fuentes, balsas y manantiales, rebosantes entonces de agua, pensamos, cimentaron una prosperidad que edificó una población de la que quedan vestigios en toda la comarca. En Güercal, el castillo árabe, situado en la estribación última de la Sierra de Almagro y sobre un precipicio de 200 metros, construido en argamasa y formado por una única torre perpendicular de 15 metros; consta de tres pisos y de un único acceso de más de 2 metros de anchura, a cuyo pie se ven restos de un aljibe, y a unos 20 metros, una muralla. En Overa se sitúa el hoy castillo de Santa Bárbara que, por su extensión, debió de ser más importante; situado en la cima de la estribación de la Sierrecica, parece comunicarse con los restos de los castillos de Zurgena, Cantoria, Purchena y Serón, poblaciones que ofrecían una asegurada vanguardia del resto de los pueblos pertenecientes al Reino de Granada, que comprendía la totalidad de la cuenca del Almanzora; vestigios a los que hay que añadir los de Abejuela, El Saltador y Torrejón.
Batallas y más batallas llevaron a las incipientes poblaciones de Güercal y Overa a ser finalmente anexionadas, mediante donación previa, a la ciudad cercana de Lorca, en merced a los servicios prestados a la Real Corona, como así lo acordaron los Reyes Católicos en el año 1488. Pronto iban a fijar su residencia un buen número de familias de cristianos viejos que intentaron convivir con los moriscos del lugar, aunque muchos de éstos, especialmente los habitantes de Overa, optaron por marchar antes de renegar de su fe; Güercal, que era un enclave menor en la época, no sufrió semejante despoblación (queda, como dato curioso, constancia de los habitantes de ambos lugares, 26 pertenecían a este último y 75 a Overa). De igual manera, la primera iglesia, que debió de construirse a lo largo del siglo xvi, aproximadamente en el año 1564; y la primera escuela data de 1619.

"Horno antiguo" 

La rebelión de los moriscos salpicó de continuas batallas toda la comarca del Almanzora: don Luis Fajardo inicia sus campañas y Abén Humeya sitia las ciudades de Cuevas y Vera, que se defienden heroicamente. La posterior expulsión de los renegados motivó que se procediera a una segunda repoblación en los años 1572 y 1573, y un año más tarde, Overa quedó como anejo, definitivo, a la cristiana Huércal, villa que, definitivamente repoblada, continuó formando parte del término judicial de Lorca, si bien consiguió reales provisiones para una administración y gobierno propios. Después de numerosos pleitos, los lugares de Huércal y Overa, unidos, se convirtieron en villa con jurisdicción civil y criminal, propia, en 1668, separándose de la ciudad de Lorca, bajo la denominación común de Huércal-Overa y mediante escrito de compra a la Real Hacienda; una vez concluido el proceso, empezó el cumplimiento de su destino que determinaría su engrandecimiento y prosperidad.
A lo largo del siglo se entablaron nuevos pleitos con la ciudad de Lorca; el 31 de enero de 1752 se puso en marcha el primer servicio de correos, designándose a un vecino como la persona que debía llevar y traer la correspondencia a aquella localidad y a otro para que se instruyera en el reparto. En 1758 se crean las diputaciones rurales de Overa, Almajalejo, la Parata, la Perulera, Santopetar, La Hoya, Tobainí, Toscanos, Gatero, Chorrador, La Loma, Gibeley, Urcal, Goñar, Torrejón, Gacía, El Saltador y El Rincón. En 1773 se establece el primer estanco para la venta de pólvora, municiones, azufre, azogue y naipes, siendo el expedidor Juan de Ortega Parra.

"Torre" 


De prosperidad y fomento habla Enrique García Asensio, juez de Primera Instancia y autor de la Historia de la Villa de Huércal Overa y su comarca (1909-1910), a quien debemos obligada referencia en sus acertadas notas, porque reflejan un rigor histórico acertado, además de un entrañable sentimiento particular por esta tierra; García Asensio recoge unas anotaciones de Andrés de la Parra Oller, regidor y procurador síndico de la villa, de 11 de marzo de 1742, que nos ofrecen una idea de esa prosperidad de la misma y que, entre otras cosas, dice: «el aumento de poblaciones y casas que ha tenido a la parte de Poniente, que era el suelo más elevado que tiene la situación de la villa y planicie de su población y que posterior a 1668 se ha fabricado la cerca grande (...) Como también el tiempo que se había fabricado la Iglesia nueva y se finalizó, y que la antigua está en lo bajo de la población de Levante, que era lo principal en lo antiguo, de forma que todas las casas que hay desde la Iglesia nueva para arriba, se había fabricado desde el referido año 1668 (...) Que cuando se eximió dicha villa tenía 93 vecinos (...) Y tiene hoy Huércal más de 700 (...), la Iglesia nueva está al Poniente, en lo alto y superior, y su obra magnífica en comparación de la antigua, y que tomó principio el año 1709 y se acabó en 1739 (...), el 28 de agosto de 1745 se inauguró el Hospital de San José, situado contiguo a las Suertes y no distante del Caño, para la provisión de agua ni de la balsa para la limpieza de la ropa (...)». Y para ir dándonos una idea de su crecimiento, el censo de 1768 se resumía de la siguiente manera: almas en Huércal Overa, 812; vecinos en el campo, 731, incluyendo diputaciones y pedanías, aunque también hay que constatar que a lo largo del siglo la población sufrirá diversascalamidades: el hambre de 1748, epidemias de calenturas en 1751, un terremoto en 1756, nuevas epidemias en 1772 y 1773, sucesivas plagas de langosta que provocaron daños en las cosechas de panizo, garbanzo, uva, melón, ganado lanar, vacuno y aún en el siglo siguiente tres nuevas epidemias, de cólera, en 1834, 1854 y 1885.

"Plaza de Huércal Overa" 

La guerra de la Independencia
Los franceses invadieron Andalucía en enero de 1810 con tres grandes cuerpos de ejército, comandados por el mariscal Soult. Les saldría a su encuentro Joaquín Blake, militar destinado en el destacamento Málaga, quien estableció su cuartel general, precisamente, en la villa de Huércal-Overa, para llevar a cabo distintas campañas contra el enemigo y facilitar los diversos levantamientos de la zona; invadida la provincia de Almería, uno de los pueblos donde fijó su atención el invasor fue esta villa, en cuyas calles se llevaron a cabo encarnizadas batallas y donde, en ocasiones, hubo que conquistar casa a casa; en una de éstas, y donde más tarde se ubicaría el Cuartel de la Guardia Civil, se hicieron fuerte unos paisanos, que no cejaron en hostigar al invasor; en otra ocasión, por citar algunos episodios heroicos, el alcalde de Dalías hizo retroceder, en estas mismas calles, a una columna de 70 franceses que se dirigían a la cercana Vera.
Otra gran batalla llegó a librarse en los llanos de El Saltador, donde cayó prisionero un oficial español que fue conducido a Huércal-Overa y liberado con el arrojo de sus paisanos; en otra ocasión, los vecinos de la Calle del Esparto sorprendieron y hostigaron a un grupo de franceses que iban por el camino de Las Menas, y una nueva batalla se localizó en los llanos de la Virgen (lugar de la ubicación del depósito del agua, el largo Paseo de Galdo y la confluencia de la carretera de Nieva-Vélez Rubio), donde los franceses volvieron a quedar maltrechos. El fin de la guerra se produjo en 1812, el rey José abandonó la Corte y el mariscal Soult evacuó sus fuerzas en Andalucía por Granada, Murcia y Valencia.